Las flores entienden menos que nosotros
el verdadero sentido de la poesía
y sin embargo imprudentemente
entregan su vida por una justa causa.

Las palabras no tienen memoria
y las metáforas no abusan del comparativo.
Si fuese posible este milagro
encerraría la magia del universo
en la comisura de tu nombre,
y levantaría murallas de perfumes y nubes
dejando que tu corazón interprete
la caricia de mis versos
o al menos comparta con el mío
la confianza de jugar al gallito ciego.

Y si la muerte se atreve
a ser inoportuna
y visitarme muy de vez en cuando
que me encuentre riendo
en las orillas de tu sexo
y que se aleje ofendida
por el resto de los tiempos.